Acudimos a Soto en Cameros en busca de psicofonías (26 de agosto de 2010)

Saludos GIPEriojanos:

En esta nueva entrada os damos cuenta de la que fue la segunda ‘salida psicofónica’ que realizamos el pasado verano. Los que visitáis el blog ya sabréis que me refiero a las, desafortunadamente escasas, ocasiones en que podemos juntarnos para ir a algún lugar cercano a nuestra ciudad Logroño para intentar grabar alguna psicofonía y pasar una agradable noche de verano. En esta ocasión, el reducido grupo estuvo formado por cuatro personas: Roberto, Piluh, Josemi y yo (Ito), la noche del 26 de agosto de 2010, y el destino elegido fue la localidad de Soto en Cameros.

Vista de Soto desde el río
Soto en Cameros, con una altitud de 718 metros sobre el nivel del mar, está situado en la cuenca del río Leza, en el Camero Viejo, a 28 km de Logroño, y posee una población de 152 habitantes censados en 2009 (aunque en 1900, por ejemplo, había 971 habitantes). Aparte de la gran belleza estética de esta población, su nombre está relacionado con los deliciosos mazapanes de Soto, y es conocida por dos yacimientos de icnitas (huellas fosilizadas de dinosaurios) del Cretácico inferior, en el camino de Soto a Zenzano por la margen derecha del Cañón del Leza. Como curiosidad apuntaremos que en el último cuarto del siglo XVIII fue incluida en la provincia de Soria como villa eximida, volviendo en 1833 a la provincia de Logroño.

Situación geográfica de Soto
A nivel económico es de destacar la larga tradición de Soto en la fabricación de paños, bayetas y tejidos de lana, sobre todo en el siglo XVIII y primera mitad del XIX. En el Siglo XX Soto conoció un nuevo impulso en su economía especializándose en la producción del conocidísimo mazapán que por su calidad y aceptación ha perdurado con éxito hasta nuestros días. Un último detalle, en la guerra de la Independencia de principios del XIX contra Francia, el levantamiento se articuló a través de Juntas Provinciales sobre las que se intentó imponer una Junta Central. La Junta correspondiente al territorio actual de La Rioja estaba ubicada en el municipio de Soto, tal y como aparece en un documento del Real Alcázar de Sevilla fechado el 14 de diciembre de 1809. Para conocer más de esta hermosa localidad, podéis visitar su página web http://www.sotoencameros.org/, y buscar más información sobre los atractivos de la zona, con rutas preciosas de senderismo, el museo de la Ruta de la Miel, la Fuente de los Caños del siglo XVI, etc. No en vano, en Soto nos encontramos en el corazón de la Reserva de La Biosfera de los Valles del Leza, Jubera, Cidacos y Alhama, declarada el 9 de julio de 2003, por el Consejo Internacional del Programa Hombre y Biosfera de la UNESCO.

Panorámica de Soto
Señalar que hace varios años ya acudimos al mismo pueblo, usando nuestra vieja grabadora analógica en un pequeño y antiguo cementerio en desuso desde finales del siglo XIX, que existía dentro del pueblo, al lado de la iglesia. En medio del campo santo existía una espaciosa cripta, por suerte abierta, donde colocamos la grabadora. En aquel entonces nuestro modo de operación era dejar la grabadora funcionando y abandonar el lugar para no producir ningún ruido, hasta que se hubiera acabado de grabar una cara de la cinta, volviendo a recoger la grabación. Así, esperamos en la plaza del pueblo el tiempo prudencial para nuestro retorno en busca de lo que esperábamos sería una buena ‘pesca’.

Vista aérea de Soto
Todos los que estuvimos esa noche allí, el 13 de julio de 2002, recordamos la excitación y la emoción al escuchar la cinta, nada más llegar a Logroño, en el cassette del coche aparcados en el parking enfrente de los ya cerrados cines Golem. Totalmente solos en la madrugada, entre comentarios, bromas y momentos de profunda concentración en el sonido que emanaba del radiocasete, recuerdo la súbita aceleración del pulso, la repentina congelación de la respiración, los ojos abiertos con que nos mirábamos entre nosotros cuando escuchamos claramente algo que rompió el monótono y silencioso ambiente de la cripta, y por ende, del automóvil donde nos encontrábamos.

Ermita vista desde la plaza
¿Un grito lejano en tono grave, una gemido, un lamento? ¿Qué era eso que se escuchaba? Entre alterados comentarios, rebobinamos y escuchamos varias veces. Seguramente sugestionado, y deseando escuchar, más que escuchando fríamente, he de confesar que yo oía claramente un lamento humano, al igual que otros compañeros. Otros amigos estaban fuera del coche charlando porque no cabían dentro, pues habíamos tenido que desplazarnos a Soto en dos coches. Les llamamos para que lo escucharan, y al menos yo, recuerdo que Josemi, al escucharlo con la cabeza ‘fresca’, sin haber estado ‘buscando’ sonidos en la grabación, reconoció casi inmediatamente… el ladrido de un perro.

Sí, sonaba algo lejano, pero era cierto que parecía ser lo que se escuchaba, eso sí, una vez que lo enfocamos así. Seguimos avanzando en la grabación, y poco después se escucho otros sonido… otro ladrido, esta vez más claro. Y poco a poco la cinta se fue llenando de ladridos más sonoros, un intercambio de ‘opiniones’ entre al menos dos perros, que duró unos minutos. Lo curioso es que ni acudiendo al camposanto, ni una vez en la cripta, ni en la plaza del pueblo, ni al recoger la cinta… en ningún momento nadie escucho a un perro mientras estuvimos en Soto. Y Soto no es tampoco una gran urbe, no creo que lleguen ni por asomo a 300 metros la distancia del antiguo cementerio a la plaza del pueblo, aunque si tiene grandes desniveles en sus calles. De todos modos eso al menos nos sirvió para comprobar lo que la sugestión puede hacer engañando a tus sentidos, y de la emoción al creer descubrir algo ‘imposible’ como un lamento humano en una cripta vacía. Desde luego, deseo volver a sentir algo parecido, pero lo más importante y esencial es que sea real.

Puede que no hayamos encontrado nada excepcional en nuestra búsqueda a lo largo de los años. Pero desde luego los momentos que he pasado con mis amigos, esas noches de buen rollo, de complicidad entre nosotros ante lo que muchos podrían llamar ‘frikada’, no lo sustituía por una exitosa psicofonía lograda en solitario. Hay que disfrutar del camino tanto como del destino, sino más, no vaya a ser que el destino no se alcance o nos decepcione. Bueno, después de este momento ‘revival’ que me he permitido, volvamos a la noche del pasado 26 de agosto, aunque podemos señalar que en los últimos años hemos acudido un par de veces al desfiladero del cañón del río Leza en un punto muy cercano a Soto en Cameros (artículo).

Virgen del Cortijo de Soto
En esta última visita del pasado 26 de agosto, nuestro destino fue la ermita de Nuestra Señora del Cortijo, que se encuentra en una ubicación espectacular, coronando la ladera sobre la que se asienta la parte más antigua de la localidad. Por ello, hay que realizar una ascensión a través de empinadas calles (en piedra, ladrillo, madera y adobe se conserva la arquitectura tradicional camerana adaptada a la estrechez y a las pendientes con elevaciones de hasta 7 y 8 alturas que compensaron la carencia de espacio para un lugar antiguamente muy poblado, que se acercó a los 3000 habitantes en el siglo XIX) para entrar en el recinto de la ermita. Se trata de una hermosa ermita barroca del siglo XVIII, con un pórtico abierto al sur y al oeste, donde uno se puede resguardar sentado en un poyo de piedra de los vientos que soplan a esa altura. En su interior, una fuerte reja de hierro forjado separa el pequeño crucero de la zona de bancos. Una cúpula apoyada sobre pechinas con una luminosa linterna se asienta sobre el crucero. El altar mayor tiene un pequeño pero hermoso retablo barroco dorado, y la imagen de la Virgen del Cortijo.

Unida al edificio está la vivienda del santero. Hay una cadena para voltear la campana, pues es costumbre tocarla cuando se sube a la ermita, aunque según la tradición sólo era posible cuando la Virgen estaba “descubierta”, es decir, los días en los que la imagen estaba a la vista y no oculta por una cortina. Por último, señalar la bella panorámica de la villa y del río Leza mirando desde la ermita hacia el sur. Pero también saliendo a las eras de detrás de la ermita podemos ver abajo (casi 100 metros de desnivel en picado) la “Cárcara”, que es como en Soto se conoce a esta parte del río donde comienza el cañón del río Leza, que se va a a extender a lo largo de 7 kilómetros en dirección a Logroño. El paisaje impone por su grandiosidad, silencio y belleza. No es difícil poder observar el vuelo solemne de la colonia de buitres que anida más abajo, en la zona del Torrejón. A la izquierda, a media ladera, se ve el camino que lleva a las huellas de icnitas.

Robert, Ito y Piluh en la entrada de la ermita
Cerca de la puerta de la ermita realizamos dos grabaciones de algo más de dos minutos intercalando preguntas, esperando una respuesta. A la vuelta nos dirigimos al antiguo cementerio local que se usó hasta finales del siglo XIX, situado al lado de la iglesia, dentro del pueblo. En 2006, con una subvención de 14.000 euros, la asociación juvenil ‘El Matadero’ de Soto en Cameros restauró la capilla del antiguo cementerio para destinarla a local de recursos culturales (biblioteca, ludoteca y espacios para audiovisuales). Por tanto, las antiguas lápidas han sido retiradas, y se ha reconvertido en un pequeño parquecito o jardín, con la capilla-cripta reparada, pintada y reconvertida. Entramos en el jardín, con sus típicos cipreses, y grabamos otra batería de preguntas.

Piluh, Ito y Rober en el acceso a la ermita
Las grabaciones se escucharon con atención, y se analizaron con ayuda del software ‘Goldwave v5.52’, no encontrándose nada extraño. De todos modos, las grabaciones no fueron de gran calidad, pues se usó la opción de ‘alta sensibilidad’ en la grabadora digital que se usó, y el ruido de fondo recogido fue excesivo. Si alguien tiene interés en las grabaciones, nos las puede pedir a través del correo giperioja@gmail.com

Hemos incluido un par de fotografías que realizamos en la ermita, donde no se ve a Josemi, que realizó las instantáneas. En el antiguo cementerio, hoy ludoteca con jardín, no realizamos ninguna fotografía, porque el flash en medio del pueblo, a más de la una de la madrugada podría haber alertado a algún vecino, y aunque no hacíamos nada malo, es mejor no molestar y respetar a los lugareños. También he incluido algunas fotografías de Soto, de la Virgen del Cortijo, y de la entrada al recinto de la ermita.

“Si deseas morir ahora imagina todos aquellos que han muerto sin haberlo deseado”